Ir al contenido principal

A los hombres los golpea el billar...

Ahí estaba yo preparando un tiro bien chingón en el billar que esta en la carretera al Ajusco, todo estaba perfecto, mi cálculo preciso y desde la mesa de enseguida sucede lo impensable, la bola blanca sale volando a gran velocidad convirtiéndola en un proyectil teleridigido, impactándose contra mi humanidad a la altura de mi cintura, justo en ese lugar donde los golpes jamás jamás serán bien recibidos, aún así pude hacer mi tiro, aunque sin fuerzas.... lástima, nadie tomó video del incidente, de seguro hubiera tenido el voto de Homero en el festival de cortometrajes de Springfield.

"La bola en la ingle es la bola en la ingle.... funciona a tantos niveles"
Homero Simpson

Comentarios

Anónimo dijo…
nada mas aki saludando ta chido tu blog atte:
moztaso foro primeraA
Anónimo dijo…
jaja no mamessi que duelen esos putazos
Anónimo dijo…
pura sabiduria con el doggy, verdá de dió.

Entradas más populares de este blog

Hasta la media noche

En casa de mi abuela siempre hemos pasado la Noche Buena. Ella siempre ha sido religiosa, por lo que había tradiciones que más bien eran reglas, una de ellas era   Nadie abre los regalos hasta la media noche, y sólo después de poner al niño Jesús en el nacimiento. Para unos niños inquietos y desesperados por tener regalos, lo anterior era muy difícil de sobrellevar y, por supuesto, no lo hacíamos. La curiosidad siempre se imponía. Aprovechando cualquier oportunidad nos escabullíamos para tomar un regalo y medio abrirlo. Tal vez no podríamos jugar con él, pero al menos ya teníamos una idea de lo que venía. Al llegar las doce yo ya sabía cuáles eran mis regalos, a excepción de uno, el que me daba mi padre. Ese siempre estaba escondido en algún lugar, nunca a la vista, sin oportunidad de abrirlo a deshoras. Gracias a esto, siempre había una sorpresa presente. Mi padre nunca me preguntaba qué era lo que yo quería, él trataba de escuchar mis pláticas y sacar conclusiones. ...

La calle tenía vida

Crecer en el mero centro de la ciudad, antes, era una situación muy distinta a la actual. Siendo el más chico de tres hermanos, con casas llenas de vecinos de la camada, la risa de los niños era cosa común para el transeúnte. La calle tenía vida. Hasta existía la viejita loca que ponchaba las pelotas si osaban caer en su propiedad, y una tienda en la esquina para comprar chuchulucos, que a veces, sí, a veces, no, nos fiaban. Crédito:   Ramon Oria El centro era un barrio como cualquier otro, pero poco a poco fue cambiando, los vecinos se empezaron a mudar, las casas fueron derribadas para dar paso a comercios y bodegas, fue en los tiempos que al alcalde en turno se le ocurrió la mancha roja, y con esto, lo que era una calle tranquila se convirtió en la congestionada salida hacia el norte para el transporte público y el tráfico comercial. La calle perdió su vida, los juegos de pelota de mi infancia dieron paso a los videojuegos y un poco al encierro. Después empezarían la...

del desapego

A lo largo de los años ciertas cosas te hacen llevar la vida de mejor manera, unas te la hacen más cómoda, otras te producen cierto gusto, gozo o placer (lo cual se resume a lo que los microeconomistas llaman utilidad ). Con el tiempo esas cosas se van haciendo viejas, obsoletas, van perdiendo ese uso que alguna vez les dimos quedándonos solo el recuerdo de lo que significaron. Muchas veces no nos podemos hacer a la idea de que ya no nos sirve, lo conveniente sería desecharlas, venderlas o regalarlas a alguien que les siga encontrado uso o en su caso reciclar sus partes para crear artefactos nuevos y así prolongar su ciclo de vida, sin embargo hemos vivido tantos momentos que no se nos es fácil el decir adiós. Se nos ha enseñado a conservar, a no dejar ir, a tenerle cierto cariño a lo que nos rodea, por lo cual es difícil aceptar cuando por el curso diario la vida nos lleva a nuevos momentos, nuevos estadíos que nos muestran cosas nuevas, y a veces nos sentimos culpables p...